Alfredo Martinez Sanchez

©Alfredo Martinez Sanchez (2017-)

martes, 16 de enero de 2018

Cómo alimentamos nuestro espíritu

Mediante la atención gestionamos lo que damos a nuestra mente, es decir, cómo nutrimos nuestra mente, podemos seleccionar con qué la alimentamos o con qué la envenenamos, o bien dejar que la atención sea únicamente presa de los estímulos externos, muchos de ellos construidos con ese objetivo: llamar o atraer nuestra atención para así "vendernos" algo (tanto en sentido literal como figurado).

¿Qué pasa con los pensamientos?

Durante la meditación no tratamos de dejar de pensar o de suprimir los pensamientos. Que surjan pensamientos es parte de la meditación. En la meditación notamos que esos pensamientos han aparecido y llevamos la atención a la respiración (o al objeto elegido) una y otra vez, con paciencia y amabilidad. Lo que sí ocurre es que el pensamiento, y la mente en general, tienden a calmarse. Frecuentemente, cuando comenzamos a tomar conciencia de nuestra vida mental lo primero que notamos no es precisamente calma, sino que nos damos cuenta del torbellino de la mente, de la fuerza o de la magnitud de ese torrente de pensamientos, imágenes, y sensaciones. No se debe a que la meditación haya provocado ese torbellino o haya incrementado la fuerza o el caudal de de ese torrente de pensamientos y emociones, lo que ocurre es que estamos tomando conciencia, dándonos cuenta, de algo que ya estaba ahí pero que nos pasaba, en mayor o menor medida, desapercibido al no prestrarle (suficiente) atención.
Cuanto practicamos la unión de la mente y el cuerpo, de la vida y la conciencia, a través de la respiración, ejercitamos la capacidad de soltar el pensamiento, pero también podemos dejar que el pensamiento surja y fluya libremente, ejercitando la capacidad de observar el pensamiento, así como cualquier contenido de la conciencia.


Cada Experiencia es Única

en construcción

martes, 24 de octubre de 2017

La Respiración

Al inspirar acepta, al espirar suelta
Al inspirar reconoce, al espirar dejar ir
Al inhalar siente tu presencia, al espirar abandónala 


Muchas de las personas que se inician en la meditación se preguntan por el papel central que tiene la respiración. De hecho, hay varios tipos de meditación que o bien eligen otros "objetos" para focalizar la atención (como imágenes visualizadas) o bien son formas no-focalizadas de meditación. Sin embargo, las formas de meditación que buscan la calma mental o la preparación de la mente para otras meditaciones suelen incluir la respiración.

En general, el hecho de focalizar la mente, de concentrarla en determinado "objeto", abre la posibilidad de distinguir entre la concentración y la distracción, y entre el objeto de la concentración y el objeto de la distracción. De esta manera, podemos hacer surgir una forma de metaconciencia, nos hacemos conscientes de la distracción, y cuando nos hacemos conscientes de los contenidos mentales que nos distraen simplemente estamos dando el primer paso en la observación (una forma de metaconciencia) de nuestra vida mental habitual.


¿Pero por qué la respiración?
La respiración siempre va con nosotros, su disponibilidad inmediata es una ventaja práctica. Por otra parte, la respiración siempre se produce aquí y ahora, en el momento presente, cuando llevamos la mente a la respiración la llevamos al presente (y, en cierto modo, nos hacemos presentes).

La respiración está regulada por el sistema nervioso autónomo, esto significa que se trata de una regulación inconsciente, como la del conjunto de la actividad fisiológica del cuerpo (desde la digestión hasta el latido del corazón). Sería un gran obstáculo para la supervivencia si esto no fuera así, es decir, si la respiración dependiera de nuestra intencionalidad consciente. En la meditación de la respiración conectamos diferentes áreas del cerebro, las que tienen que ver con la conciencia y la voluntad con otras que tienen que ver con la regulación inconsciente de la actividad del cuerpo.

La práctica de volver a llevar la atención al objeto de concentración una y otra vez, en cada ocasión que notamos (somos conscientes) de que nos hemos distraido, es un ejercicio mental/cerebral que fortalece determinadas conexiones cerebrales entre la corteza prefrontal y zonas subcorticales, sistemas reguladores que, a nivel inconsciente, mantienen nuestro cuerpo en funcionamiento. 


Como recuerda Kabat-Zinn, la conciencia de la respiración y su enlentecimiento, especialmente de la espiración, aumenta el tono vagal. El aumento del tono vagal parece estar asociado a la tranquilidad, la resiliencia y las emociones positivas, mientras que su reducción suele estar asociada al estrés (Vivir con Plenitud las Crisis, p. 339).

Finalmente, está el peso de la tradición budista. El texto budista clásico sobre mindfulness (Satipatthana sutta) comienza con la respiración.
Otro texto clásico es el Anapanasati Sutta (traducido al inglés como Full Awareness of Breathing, algo así como "mindfulness de la respiración").


Por otro lado, en los últimos años se ha comenzado a estudiar de manera sistemática e interdisciplinar la relación entre emociones y respiración. En particular, destaca la aportación de algunos investigadores japoneses, como Ikuo Homma.
 Resultado de imagen de respiration and emotion

La Insula y la Amígala

Se trata de dos áreas cerebrales ubicadas en el interior de ambos hemisferios que están entre las favoritas de los medios de comunicación (sobre todo la amígdala) y que parecen ser bastante relevantes con respecto a la meditación.

LA AMÍGDALA
En sus estudios sobre el miedo condicionado (aprendido), el neurocientífico Joseph Ledoux siguió la ruta que recorría un estímulo auditivo condicionado en el cerebro, y encontró que, desde el tálamo, además de la ruta que llevaba al cortex auditivo, había otra ruta que conducía a la amígdala. Esta conexión directa explicaría que se puedan producir respuestas al miedo sin la intervención del cortex (The Emotional Brain). Una parte de la amígdala, el núcleo central, parece ser un elemento importante tanto en el sistema de control de las respuestas autónomas del tronco encefálico (por ejemplo, la frecuencia cardiaca) como en el sistema de control de las respuestas de defensa.
Según Ledoux, la conexión directa con la amígdala y el estudio del núcleo central sugieren que las respuestas emocionales pueden darse sin la intervención de los circuitos cerebrales asociados al razonamiento y a la conciencia.
Dado que la ruta que lleva al cortex conecta también con la amígdala cabe preguntarse por esta especie de duplicación, es decir, la misma información se procesa paralelamente por dos rutas diferentes, una que lleva directamente a la amígala, y otra que llega a la amígdala a través del cortex. La razón sería que la vía directa es mucho más rápida y, aunque no permite identificar el origen del peligro, la rapidez en el aviso sería útil desde el punto de vista evolutivo. La ventaja de la vía más lenta es que, mientras que la vía rápida se limita a informar de que hay "algo" peligroso, el paso por el cortex permite determinar en qué consiste ese peligro (o si realmente es un peligro).
Por otro lado, las conexiones de la amígdala con el hipocampo explican el condicionamiento contextual. Por ejemplo, después de vivir una situación traumática se produce la respuesta emocional simplemente al encontrarse con el mismo contexto o con algún elemento semejante a los que formaban parte del contexto de la situación original (lo que parece tener una clara utilidad evolutiva a la hora de evitar el peligro).
En la amígdala, por tanto, confluye el "input" directo y básico proveniente de los sentidos con la información proveniente del cortex y con la información general (contextual) proveniente del hipocampo (que también está implicado en la memoria). De esta manera, la amígdala tiene una función clave en la evaluación del estímulo y en las respuestas correspondientes.

El papel del cortex (en concreto, el cortex prefrontal medial) se ha puesto también de manifiesto en el debilitamiento de la capacidad del estímulo condicionado para producir la respuesta (extinción).

Ledoux sugiere que la vía directa y rápida puede ser el modo predominante de respuesta en personas con algún tipo de desregulación o trastorno emocional, aunque también indica la posibilidad de un desajuste entre ambas vías o con el sistema del hipocampo (pp. 164, 169, y capítulo 8). 


MINDFULNESS Y LA AMÍGDALA
-Según un estudio realizado por Alan Wallace, la práctica de mindfulness (un programa desarrollado por Wallace llamado Mindful Attention Training) produce una reducción en la actividad de la amígdala como respuesta a imágenes perturbadoras.
Un estudio diferente del laboratorio de Richard Davidson con meditadores avanzados reveló los mismos resultados. La razón propuesta es que sus cerebros tenían una conectividad más fuerte de lo normal entre el cortex prefrontal y la amígdala. Esta conectividad modula la reactividad emocional: a mayor conectividad menor reactividad.
El equipo de Davidson repitió esta prueba utilizando el programa MBSR. En este caso también se produjo un efecto de menor actividad en la amígdala entre los que siguieron el programa, sin embargo, no se detectó el aumento de conectividad que se había hallado entre los meditadores de larga duración (Altered Traits, p. 97).

Es importante señalar que no todo tipo de meditación actúa del mismo modo. Aunque, a veces, se presentan de manera conjunta (o incluso de manera confusa), tanto en términos neurobiológicos como en la tradición budista, compasión y mindfulness son diferentes. Así, mientras que la meditación mindfulness produce reducción en la actividad de la amígdala, la meditación de la compasión genera la respuesta contraria.


LA ÍNSULA
Cuando se afirma que la meditación genera un incremento en la actividad y el tamaño de la ínsula (como hacen Williams y Penman en su obra Mindfulness, p. 58) ¿se están refiriendo a cualquier tipo de meditación?

[en construcción: esta entrada se completará proximamente]
 

miércoles, 20 de septiembre de 2017

¿Qué es la Conciencia? 2

En este artículo, titulado "The Real Problem", Anil K Seth de la universidad de Sussex resume algunas de las líneas centrales de la actual aproximación filosófico-científica a la conciencia. También incluye una referencia interesante a la noción de "yo" o de "sí-mismo" (self en inglés), un concepto importante en las tradiciones meditativas budistas, que promueven una transformación de nuestro sentido habitual del "yo" (de hecho, el budismo rechaza la existencia de un yo- self- sustancial y permanente).


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